2/08/2011

CRONICA GENOVESA VI - PRIMA PARTE



Viernes 28/01/2011 – Parte 1

Por fin ha llegado el día. Después de tanto estudio ya era hora de hacer algo de turismo.

Desayuné rápido y tras una pequeña visita al kiosko para comprar un billete de transporte público me dirigí a la estación de tren y me subí a un tren de cercanías que se dirigía a Génova. Tanto el tren como el autobús disponen de un sistema único de cobro. Consiste en unos pequeños tickets de viaje que se compran en kioskos o estaciones y que te permiten por 1,20 euros moverte en cualquiera de los dos medios durante noventa minutos consecutivos.

El viaje transcurrió sin sobresaltos y tal y como recomendó Bruno me bajé en la parada de la estación de tren de Brignole en pleno centro de la ciudad. Mi destino, fijado de antemano desde que me enteré que me iba a Génova, se encontraba a media hora andando de dicha estación. Pensé en pillar un autobús, pero después de cuatro días sin moverme demasiado quise no liarme y andar un poco. Me encanta andar por sitios nuevos, explorándolos a pie, aunque las ciudades son todas iguales. Siguiendo la orilla del río alcancé mi objetivo: el Cementerio Monumental de Staglieno.
Desde que una vez vi un documental en la televisión sobre Italia, siempre quise ir a verlo. No es que sea un amante de lo gótico o lo macabro, pero si lo soy del estilo Art Nouveau. El cementerio de Staglieno es el mejor ejemplo de este estilo dentro de el arte funerario.

Entré por la puerta a las diez de la mañana con cierta timidez.

Nada más entrar me metí en una enorme galería con varios pasillos paralelos que forman un gran claustro para las tumbas distribuidas por campos en el interior del mismo. Las galerías interiores son unos grandes pasillos de unos cuatro metros de altura, con hornacinas de un metro de largo por medio metro de ancho, donde descansan los restos exhumados que ya han cumplido el tiempo de estancia máximo permitido en el exterior. La galería que da al interior del claustro e iluminada por la luz del exterior se encuentra repleta de tumbas monumentales con bellísimas estatuas de mujeres, ángeles y efigies de los fallecidos. Nunca en mi vida he visto tantas mujeres tan hermosas y tan tristes.

Una vez visitado este gigantesco claustro accedí al segundo claustro; este semicircular en vez de cuadrado. Tuve la suerte de que a esa hora era yo el único visitante y las poca personas con las que me crucé fue en las galerías interiores con gente que iba a dejar flores a algún familiar. El silencio y la soledad me permitieron disfrutar mucho de la visita y el poder hacer fotos de manera respetuosa, porque aunque es un lugar hermoso, es conveniente tener respeto por toda la gente que se encuentra allí enterrada.

Como anécdota un poco lúgubre comentar que en la parte más alejada de este segundo claustro se encuentra la entrada del crematorio. Cuando llegué a ese punto vi una puerta abierta y un hombre apoyado en algo que al principio no reconocí. Me fijé y vi como uno de los operarios estaba fumándose un cigarro todo tranquilo descansando contra un ataúd esperando para meterlo en el horno. Hay ciertos trabajos que te deshumanizan un poco.

Una vez recorrida esta parte y después de cruzar por entre las tumbas al aire libre me dirigí al primer claustro. En una de sus caras, la que da a la colina en la que está construido el cementerio, unas escaleras te suben hasta las galerías superiores. En el centro de ellas hay un gran edificio blanco con techo de cúpula, enmarcado por unas altas columnas griegas. Estaba cerrado y no pude entrar.

Seguí mi visita en este segundo nivel. En esta zona están los mausoleos. Me llamó especialmente la atención uno con forma de iglesia con numerosos pináculos y de un blanco refulgente a la luz de la mañana, en medio de un pequeño bosquecillo propio. Cuando quise acercarme para verlo mejor una, reja con unas puertas de hierro cerradas con una cadena y un candado oxidado me impidieron la visita. El corto pasillo hasta su entrada se encontraba descuidado; el mausoleo tenía pinta de llevar muchos años sin ser visitado.

Al volver para atrás me topé con el cementerio de los niños pequeños. Es muy triste ver diminutas de tumbas con lápidas en las que los años de nacimiento y de defunción son correlativos.

Subí a la parte más alta del complejo; un cementerio militar. Me paré en una tumba en la que se veía la cara de un hombre, aviador supongo, que había “caído en el cielo de Normandía”. Muchas de las tumbas cuentan las curiosas historias de quién allí se encuentra, pero no es mi intención hacerlo aquí para evitar alargar demasiado la descripción de mi visita.

En la bajada pude ver más y más estatuas. También varias cosas curiosas, como el cementerio hebreo, el cementerio ortodoxo y las paradas de autobús, ya que al ser un cementerio tan grande hay varios microbuses que te mueven por el interior. Una de las cosas que más me impresionó fuera del apartado artístico fue todo un campo de tumbas con lapidas removidas y con montículos de tierra como los que se ven en la películas cuando entierran a alguien. Una pequeña excavadora y un cartel en uno de sus accesos me saco de dudas. Era un campo de exhumación. Todo ese campo estaba en pleno proceso de ser trasladado a alguna de las galerías interiores de las que hablé antes.

Después de dos horas y media paseando salí por la puerta satisfecho por la visita.