8/04/2005

= SIEMPRE MENOS =


Un enorme búho gris posado sobre una lápida del cementerio vuelve a medias la cabeza y observa con sus enormes ojos amarillo reflectante tu cara en al oscuridad. Esos ojos grandes y fijos han dado fama de sabio a estos pájaros, pero podemos asegurar que en este caso nos encontramos ante un búho, que por no menospreciarlo en demasía, diremos que es simplemente medio tonto.

La noche suele amilanar los corazones temerosos y desconfiados, sobre todo cuando desaparece la luna y el viento arrastra frías gotas de lluvia, desencadenado una tormenta de rayos que siluetean los troncos de los árboles muertos y donde los truenos resuenan como bramidos salvajes de una bestia enfurecida. Tampoco hoy es este nuestro caso. Cierto es que la Dama Blanca no navega por el cielo pero es un grato favor el que nos hace al no mostrarnos su pálida cara, ya que así podemos contemplar en todo su esplendor a sus hijas las estrellas, brillantes como joyas en el claro aire invernal. El viento sopla plácido, pero en vez de atemorizar, nos arrulla con una tierna nana natural de maravillosos aromas forestales arrancados al cercano bosque perenne.
Los cementerios, a pesar de ser lugares apacibles por el día, al caer las tinieblas tornan en territorios conquistados por seres de fantasía surgidos de nuestra mórbida imaginación. Cualquier ruido extraño, por leve que sea, desata las fuerzas del mal en forma de resucitados, animas o devoradores de cadáveres que buscan nuestra perdición en lo más profundo de los abismos infernales. Pero este cementerio en el que nos encontramos es un pequeño camposanto al pie de la iglesia románica de mi pueblo, pequeña y mimética con el entorno, muy alejada del terror gótico de agujas y gárgolas. Las tumbas no son nuevas pero tampoco son antiguas. Podemos decir que son viejas, sin más. El búho que reposa sobre la lápida nos invita con su presencia a que leamos las letras de molde que revelan el difunto ocupante de la misma. El nombre no deja de ser de lo más normal. Un nombre muy distinto de esos otros con reminiscencias alemanas que se asocian al inframundo de vampiros y zombis. El nombre de una mujer que nunca salió del pueblo, que se casó joven, que trabajó la tierra durante más de ochenta años y que finalmente el viento del destino apagó la llama de su vida. Una mujer como tantas otras que reposan en este mismo lugar.

El búho cierra los ojos y se duerme. Aguarda paciente a que las primeras luces del alba lleguen para ayudarle a cazar, o eso cree el pobre. Como ya te dije anteriormente, este búho es medio tonto.