8/05/2005

= CNATAN, LA DAMA BLANCA =


Esto ocurrió en un tiempo en el que la primavera todavía precedía al verano y el otoño al crudo invierno. Un tiempo en el que los hombres se juntaban todas las noches bajo el cielo estrellado a cantar, bailar y contarse bellas historias de un tiempo más antiguo todavía, en torno a un gran fuego. Y fue en una de esas noches, cuando el viento del norte empezaba a hacer notar su gélido aliento, augur de nieves próximas, cuando el joven Aisling decidió contar su propia historia. Fijó sus ojos en las llamas inquietas de la hoguera y rememoró ante todos y por vez primera, su encuentro con Cnatan, la Dama del Bosque.

- Cruzaba el sendero del bosque cerca del Manantial del Roble cuando decidí pararme a descansar al pie de un árbol después de haber recorrido sin éxito toda la floresta en busca de una presa para las flechas de mi arco. Las copas de los árboles se mecían suavemente con la brisa de la tarde y un repentino sopor comenzó a adueñarse de mí. Cerré los ojos y una tierna voz de mujer susurró en mis oídos una triste canción. Abrí los ojos y la vi. ¡Era tan hermosa! Su pelo negro caía como una catarata de mil noches sobre sus blancos hombros y sus ojos del color de las hojas de otoño se clavaron en los míos, dejándome paralizado contra el tronco sobre el que descansaba. Su boca apenas se movía al cantar y lentamente se puso a danzar. Su cuerpo desnudo saltaba, se agachaba, se balanceaba, como una brizna de hierba en la tempestad, como las golondrinas jugando con el viento o como las anguilas deslizándose por la hierba húmeda. Una danza de tal belleza como nunca antes había visto. La contemplé extasiado hasta que cayó la tarde, sin atreverme a moverme por miedo a asustarla. Cuando terminó de bailar, volvió a mirarme fijamente y de sus ojos llovían abundantes lágrimas. El sopor me venció de nuevo y cuando desperté volvía a estar solo. Ya brillaban en la tarde agonizante las primeras estrellas cuando regresé a mi hogar.

Cuando sus últimas palabras se quedaron flotando en el aire, un silencio solo roto por los pequeños ruidos nocturnos, hizo presa en los corazones de todos los presentes. Delbain miraba a su hijo a la vez que esbozaba una oculta sonrisa de comprensión. Ya antes de conocer a su madre, él la había visto también, un secreto nunca revelado. El consejo de ancianos también miraba con atención al joven Aisling. Ellos eran los guardianes del saber de su pueblo y conocían muy bien la leyenda de la Dama del Bosque, pero como nunca antes la habían visto, creyeron que el joven Aisling se burlaba de ellos y decidieron hacer lo propio. No podían permitir que los jóvenes se jactasen de conocer aquellos secretos que a los más viejos y sabios se les había negado.

- De todos es conocido que la fatiga y la decepción de no cobrar ninguna presa en todo el día, pueden reblandecer el alma de un joven guerrero hasta conseguir que un muy dulce sueño de un hombre que todavía no ha conocido mujer, se torne real a sus ojos. El alma intenta así compensar al individuo de su fracaso y convence a la inteligencia de que no a sido un día infructuoso - dijeron los ancianos al muchacho mientras lo arropaban con miradas de comprensivo afecto.

Aisling escuchó las palabras de sus mayores sin levantar la vista de las llamas. Su orgullo dolido dio vida a su boca y mirándolos ferozmente les dijo despacio y con voz grave.

- Yo se lo que veo y lo que no veo y se cuando lo que se presenta ante mis ojos es real o no.

Los ancianos perdonaron su orgullo ya que no deseaban quebrantar la voluntad del que sería pronto un adulto y un igual entre ellos. Así que decidieron ponerle a prueba.
- Debes saber que un hombre ha de seguir el recto camino de la verdad y no abandonarlo nunca, aunque sea tentado injusta gloria o flagrante culpa. Sabemos que nunca antes has dado muestra de falsedad, por lo que deseamos con fuerza creer en tu visión. Por ello, esta noche, haremos un solemne juramento. Cuando tengamos la certeza de que tu visión es tan real como el alba cada mañana, ese día, con tijeras de plata cortaremos nuestros blancos cabellos y nuestras largas barbas producto de tantos inviernos. Pero hasta entonces, deberás guardar silencio y acatar las decisiones de aquellos que solo deseamos educarte y llevarte por la recta senda.

Dicho esto, los ancianos levantaron su copa y brindando todos juntos repitieron el juramento por el cual entregaban sus canosos cabellos y barbas a cambio de la fugaz visión de la siempre bella Cnatan bailando desnuda ante ellos. Todos los presentes brindaron también y celebraron con alegría la afectuosa reprimenda del consejo al muchacho. Aisling esbozo una amarga sonrisa aceptando sumisamente lo que allí había ocurrido y clavó de nuevo su mirada en las llamas. Entre ellas imagino el blanco cuerpo de la Blanca Dama, danzando como anteriormente la había visto en el bosque y mientras lo hacía creyó oír aquella triste melodía de nuevo. La imagen creció entre las llamas hasta hacerse real y el silencio los conquistó de nuevo a todos ellos. Aisling miró a su alrededor buscando entre las miradas de los presentes la confirmación de que aquello no era una visión y convencido de que no era el único volvió la vista al fuego y a la Dama del Bosque bailando sobre la hoguera hasta que solo quedó una roja cama de agotadas brasas. Ella se detuvo lentamente y se acurrucó ante ellos. Observó fijamente a cada uno de los integrantes del consejo de ancianos y solo dijo "Cumplid"

Aisling se levantó, dedicó pequeña una reverencia a Cnatan y se retiró para rápidamente regresar con unas tijeras de plata con las que, uno a uno, les fue cortando los cabellos a los ancianos. Cuando así lo hubo hecho observó a Cnatan y ella le sonrió. De improviso se desvaneció, llevándose consigo el producto del sagrado juramento y una dulce risa resonó por todo el bosque.

Se dice que con el pelo obtenido a cambio de su baile, la Dama Blanca se hizo un blanco vestido con el que nunca más tuvo frío. Desde entonces recorre los bosques cantando una hermosa y alegre canción.

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