2/22/2005

Etalainte

El día que se hundió Etalainte fue un día triste. La gente se agolpaba sobre la colina de Olimpe, la mayor elevación a las afueras de la ciudad. Un temblor de tierra a primera hora de la mañana les alertó de lo que iba a suceder. Tuvieron el tiempo justo para escapar antes de que las primeras grandes holas barrieran la calles e inundasen toda la zona. Increiblemente no hubo que lamentar muertos excepto la propia Etalainte. Un corrimiento de tierras hundió el terreno sobre el que descansaba la tranquila villa, engulliendola para siempre y dejando en su lugar una tétrica marisma llena de ruinas urbanas.